Torneo Apertura

Alianza Lima: El día que su pueblo volvió a gritar campeón tras 18 años

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Momento de júbilo de Alianza Lima en Talara. Había goleado a Torino y daba la vuelta olímpica tras 18 años de frustraciones (Foto: Café, Ron y Gol)
Momento de júbilo de Alianza Lima en Talara. Había goleado a Torino y daba la vuelta olímpica tras 18 años de frustraciones (Foto: Café, Ron y Gol)

El 5 de noviembre de 1997 será un día inolvidable para el corazón de todo hincha de Alianza Lima. Con una temporada para el aplauso, los íntimos de La Victoria lograron lo que sus hinchas y la institución anhelaban desde 1978, un título nacional esquivo desde hacía ya 18 años. En el pálpito del fanático no entró tamaña felicidad al sentirse el mejor conjunto de todos del siempre pintoresco fútbol peruano.

El colombiano Jorge Luis Pinto tomó más que un equipo de fútbol falto de alegrías, un verdadero fierro caliente que lo transformó en un reto desde la dirección técnica. Alianza era un conjunto que tenía fama de ingobernable por la indisciplina de algunos elementos del plantel, pero el entrenador quizás con algunos excesos, convirtió lo que era un desorden en una familia. Por eso no es extraña la escena donde los jugadores lo levantan en hombros a la hora de concretar el campeonato y él solo atinó a llorar desconsoladamente.

Hombres como Del Mar, Marulanda, Jayo, Bazalar, Marquinho, Sáenz y Bujica se convirtieron en la columna vertebral de ese equipo que ganó el Torneo Apertura en Arequipa en el mes de mayo, para luego sostener el ritmo y superar a todos sus rivales con un fútbol muy riguroso pero a la vez práctico. Una línea defensiva de cuatro bien recta, un mediocampo compacto y una delantera que tuvo en su contundencia a su máximo aliado que lo llevó al éxito.

Nos faltarían párrafos para describir este pasaje del balompié nacional, pero quedó demostrado que cuando un conjunto en cualquiera de sus estamentos se une en búsqueda de un objetivo, es capaz de vencer todas las dificultades que se pongan enfrente. Alianza Lima superó sus propios miedos y traumas al ver a otros elencos dar la vuelta olímpica porque se convenció de que la alegría en aquel 1997 también podía ser blanquiazul.

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